Halloween parece una costumbre norteamericana, importada recientemente, pero no: desde tiempo inmemorial la Nuei d’Almetas se ha celebrado por estas tierras con, básicamente, la misma imaginería que la fiesta estadounidense.

Al fin y al cabo, los americanos no han inventado nada. Su fiesta de Halloween parece tener su origen en una celebración celta: el festival Samhain. Seguro que nuestra Nuei d’Almetas también tiene su origen en esta fiesta pagana que, como hizo la Iglesia con casi todas, fue incorporada a la tradición cristiana como Noche de Difuntos dentro de la celebración del Día de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos.

¿Qué es una “almeta”?

Una búsqueda por Google Books nos ha llevado al libro “Seres míticos y personajes fantásticos españoles”, escrito en 2002 por Manuel Martín Sánchez. En la página 402 nos explica qué es una almeta: “Denominación popular aragonesa para aludir a las almas en pena, que se utiliza [utilizaba, más bien…] para asustar a los niños revoltosos. Normalmente se las representa vestidas con blancos sudarios y llevando una luz en la mano. Como en otros lugares de España, la noche de Todos los Santos [en aragonés, Nuei d’Almetas] se les dejaba un plato de alubias, para que […] separaran tantas alubias cuantas misas querían que se les dijeran“.

Pero escribiendo de estos temas desde Bagüés, en las Altas Cinco Villas, es obligatorio citar otro libro de un cincovillés de adopción, Joan Rosell, cocinero del restaurante La Encantaria de la Hospedería de Sádaba y escritor. En su libro “Leyendas del Aragón demonio”, publicado en 2016 por la editorial Doce Robles, nos habla también de qué es una almeta: “[…] se les llama en Aragón a los espíritus descarnados de difuntos que no han podido llegar al cielo ni tampoco al infierno. Las almetas podían tomar forma de espectros, de fantasmas traslúcidos, aunque en algunas ocasiones también se les ha visto en forma de orbe luminoso. […] También tenemos en Aragón nuestra Santa Compaña al estilo de la gallega o de la Guestia asturiana o la Genti de Muerti extremeña. A este fenómeno, existente en todas las culturas “de tradición” (como dice el bueno de Jesús Calleja), en nuestro territorio se conoce como las lumbretas […] han sido vistas desde hace muchos años en los más inhóspitos parajes aragoneses, especialmente en las noches de difuntos. […] No hacen nada, no se dirigen nunca hacia el testigo, pero se sabe que es de muy mal presagio para quien las ve. Es presagio de muerte”.

Las lumbretas, la Santa Compaña aragonesa¿Cómo se celebra la Nuei d’Almetas en Aragón y en Bagüés?

La víspera de Todos los Santos, la noche del 31 de octubre, se celebra la Nuei d’Almetas. La imaginería que se usa en el sarao es muy similar a la de Halloween, pero no porque nos hayamos copiado de los americanos, sino más bien al contrario. Es mucho más antiguo el festival celta Samhain que la fiesta made in USA.

Las calabazas son la estrella de la celebración: se vacían, se tallan caras terroríficas (o simpáticas, para gustos los colores…) en ellas y se colocan velas dentro, para ponerlas en las ventanas de las casas y que no entren los malos espíritus que rondan esa noche ocultos en la oscuridad. O, bueno, los más valientes salen de paseo por el pueblo portando las calabazas, que con esa protección los espíritus también se espantan: con una calabaza ahuecada que tenga una vela dentro no hay fantasma que se te resista, eso lo sabe hasta el doctor Abraham van Helsing.

Además de vaciar y decorar las calabazas, también se comían castañas hechas al fuego, donde se criaban, y nueces y otros frutos secos, alimentos típicos de esta época del año. Esas eran las “chuches” del Halloween rural. Y con la carne de las calabazas se hacían dulces como el empanadico de calabaza, que ya os decimos que esta muy rico (en realidad está co-jo-nu-do, pero como este post lo pueden leer niños no lo vamos a decir jejeje).

Bagüés también celebraba esa fiesta desde tiempo inmemorial, cuando había niños en el pueblo: “Además de acudir al cementerio a colocar flores en las tumbas y celebrar una misa matinal, en Bagüés se colocaban en las casas, o en las calles, calabazas en forma de calavera con una vela dentro”, cuenta Javier Lafuente en su libro “Historias de Bagüés” (1999). Desgraciadamente, ahora solo disfrutamos de los gritos y carreras de los críos en verano y en algún puente festivo señalado, aunque desde El hortal de Bruno vamos a recuperar lo de la calabaza en la ventana y a ver qué pasa…

Calabazas típicas de la Nuei d'Almetas