Nunca os hemos explicado el porqué de los nombres de nuestras habitaciones y ya es hora de contarlo.

Empezamos a darle vueltas con diferentes opciones, pero ninguna nos acababa de convencer. Pensamos en nombres de plantas, en nombres de animales, todo esto en aragonés, y un montón de cosas más y, de repente, se nos ocurrió: “¿Por qué los nombres no pueden ser de cosas relacionadas con nuestro pueblo?”. Y así fue el “parto” de los nombres.

El primero en el que pensamos fue “San Julián y Santa Basilisa”, la perla del románico lombardo que tenemos justo frente a nuestra casa. Data del siglo XI y es uno de los mayores, si no el mayor, atractivo turístico de Bagüés. Albergó en sus paredes uno de los conjuntos pictóricos de frescos románicos más importantes de toda España. Actualmente, este conjunto se puede visitar en el Museo Diocesano de la Catedral de Jaca y tiene su propia sala, la sala de Bagüés, reproducción a tamaño natural de nuestra iglesia. Ya tenemos una habitación…

La segunda fue “El Pilar”, por la Ermita de la Virgen del Pilar (sí, ermita aunque esté dentro del casco urbano). Es la que se utiliza para los oficios desde hace tiempo por un tema totalmente práctico: está dentro del pueblo. Se levantó en el siglo XVII y, aunque no primó en su construcción el valor artístico, tenía una “joya”: un copón de plata del siglo XVI que también está en el Museo Diocesano de Jaca.

Con la tercera tampoco tuvimos dudas: “La Paruela”. Otra ermita del pueblo, pero esta en las afueras (a unos 3,5 km en dirección a Larués). No se tiene claro cuándo fue construida, aunque existen indicios que apuntan hacia los siglos XIII y XIV, pero no hay nada claro, y tampoco tiene un valor artístico reseñable… pero sí sentimental. A pesar de los pocos que vivimos de forma permanente en el pueblo, la romería a la Virgen de la Paruela es todo un acontecimiento. Los “hijos” del pueblo vuelven cada año para su celebración coincidiendo con la Virgen de agosto. No es su fecha original (se celebraba en mayo) pero sí cuando más vecinos estamos.

“Ya tenemos tres de las cuatro. Y ahora ¿qué nombre le ponemos a la que nos falta?”. Al no ser bagüesinos de nacimiento sino de adopción, y además reciente, no sabíamos de otras ermitas o lugares especiales para el pueblo.

Para esto contamos con la ayuda de nuestro amigo Javier Lafuente, un entusiasta de su pueblo que allá por 1999 escribió el libro “Historias de Bagüés”.  Allí encontramos lo que necesitábamos:  el Pilón de Santa Orosia. Cuentan que hubo una ermita dedicada a la santa a unos cincuenta metros del pueblo, en dirección al lavadero, y un pilarón con una pequeña hornacina que albergaba la imagen de la santa. Nada de esto queda ya, pero sí referencias escritas del siglo pasado.

¡Ya está! ¡Ya tenemos las cuatro habitaciones con su nombre!

Ya sólo nos quedaba poner los nombres en las puertas y llenar las habitaciones con clientes y amigos. Pero esa ya es otra historia…