(Foto de cabecera: «pitas-pitas!» by pegatina1 is licensed under CC BY-ND 2.0 )

¡La que se ha formado durante las últimas semanas con los animales “ruidosos” de los pueblos y el turismo rural! Solo tienes que meterte en Google, buscar “Nel Cañedo” o “gallinero Asturias”, por ejemplo, y tienes un buen montón de noticias para ponerte al día. ¡Si hasta estuvimos nosotros en la televisión autonómica aragonesa en una tertulia hablando del asunto!

Ahora, unas semanas después de que haya pasado lo más enconado de la polémica, con la mayor parte de la gente fijando su atención en la siguiente noticia llamativa distribuida a diestro y siniestro por los medios de comunicación, puede ser un buen momento para hacer una reflexión.

Una disputa vecinal convertida en un Madrid/Barça

Inevitablemente, como si del clásico futbolístico Madrid/Barça se tratase y de la mano de unos medios de comunicación bastante sensacionalistas que han ido a lo anecdótico, al “barro” de la noticia en lugar de hacer un poco de análisis (la noticia A vueltas con el canto de los gallos en Soto de Cangas, de El Comercio, es la única que hemos encontrado que va un poco más allá e intenta poner cada cosa en su sitio), todos los que hemos conocido la famosa noticia del cierre de un gallinero como consecuencia de la denuncia del propietario de un alojamiento rural contiguo hemos decidido en qué bando estamos. Al menos por un tiempo, hasta que hemos dejado atrás el primer “calentón” y hemos pensado un poco en el asunto…

Porque, al final, la cosa no está en estar con el turisrmo rural o contra él, sino en que el turismo rural siempre ha ido “justico” de rural, por una parte, y en que hay turistas, hosteleros y residentes locales que tienen que aprender a convivir porque el turismo rural es un negocio que ayuda a fijar a la población en los núcleos rurales, por otra.

Sí, el turismo rural es posible que nunca haya sido realmente rural: nuestros clientes no vienen en busca de una casa de pueblo normal que, aproximadamente, es como su propia casa en la ciudad (con la diferencia del entorno, claro…), nuestros clientes vienen buscando una casa con encanto, con algún detalle que recuerde la vida pasada en el campo (unas trébedes, un trillo, una hoz o unos esquilos de adorno) pero con todas las comodidades de un buen hotel (wifi gratuita de calidad, cuarto de baño privado, ropa de cama y toallas, comida casera pero con toques vanguardistas o un jacuzzi, si se tercia). Pero eso no debería representar ningún problema porque, al final, el turismo rural es una actividad hostelera en un entorno rural, precisamente, y la actividad hostelera se debe regir en todas partes por unos estándares básicos de calidad que proporcionen el máximo bienestar al cliente.

Vacas en la pista de Longás
Por los montes que rodean Bagüés es habitual encontrarse con vacas u ovejas que, a veces, se despistan y acaban por las calles del pueblo. ¡Es lo normal en una zona donde hay ganado!

La clave está en convivir, con un poco de buena voluntad

En Bagüés tenemos un gallinero, por supuesto, y Chispa (una perra que es un amor) ladra muy enfadada de vez en cuando a quién sabe qué sin importarle la hora y algunas vacas u ovejas que hay en los montes de alrededor acaban a veces despistadas en medio del pueblo haciendo sonar sus esquilos y dejando algún “regalito” proporcional al tamaño del animal. También hay gatos que a las ocho de la mañana empiezan a maullar pidiendo comida y golondrinas y lechuzas que cantan unas bien de mañana y otras de noche. Un tractor pasa de vez en cuando frente a nuestra casa porque, afortunadamente, en Bagüés todavía tenemos un agricultor que vive trabajando la tierra cada día. Y una vez a la semana, por lo menos, viene el camión de recogida de basuras de la mancomunidad, que también se oye lo suyo. Todos estos sonidos y muchos más son la música de un pueblo. Es difícil imaginar Zaragoza sin oír pasar el autobús o sin los críos vociferando a la entrada y salida del colegio que hay detrás de la casa donde vivíamos antes de venir aquí, cada lugar tiene su música.

Y cuando vienen los veraneantes a Bagüés hay mucho más jaleo en la plaza hasta las 12 de la noche o la 1 de la madrugada, en la puerta del bar y el 15 de agosto hay verbena porque estamos en fiestas y se hace un poco más difícil dormir si te acuestas pronto. Eso también forma parte de la música de Bagüés.

En nuestro caso es fácil hablar de esto, porque la relación con todos los del pueblo ha sido estupenda desde que llegamos, hace algo más de dos años, y todos nuestros clientes nos dicen cada mañana lo bien que han dormido (hasta los que vienen el 15 de agosto, ¡es verdad!). Pero es posible que la clave esté en que tanto los de aquí como los de fuera hemos intentado ser razonables adaptándonos unos a otros y hemos sabido convivir.

Gato descansando en el porche de El hortal de Bruno
Este «bandido» toca el despertador todos los días sobre las ocho de la mañana… ¡Debe de ser su hora del desayuno!