Sí… este título suena a despedida y, en efecto, es una despedida.

El próximo 1 de junio se cumplirían tres años desde que echamos a andar. El hortal de Bruno ha sido un proyecto que iniciamos con toda nuestra ilusión y ganas de comernos el mundo, un cambio brutal en nuestra vida de urbanitas que llevábamos mucho tiempo deseando, y que nos ha conducido por un camino que volveríamos a andar sin dudarlo aun a sabiendas de que podría terminar igual, porque nos ha llenado de gratísimos momentos.

Han sido tres años inolvidables, desde el primer día, con unos vecinos que nos han apoyado y ayudado en todo lo que han podido. Es mentira, al menos en Bagüés, que la gente de los pueblos le ponga dificultades al que viene de fuera: hace tres años éramos un par de foranos que aterrizaban en el pueblo con sus ideas neorrurales, a veces bastante alejadas de la realidad rural que hemos ido aprendiendo después, pero los bagüesinos y bagüesinas nos dieron su cariño desde el primer momento.

¡Y qué decir de los que habéis pasado por nuestra casa! Con algunos, la relación ha dejado de ser de cliente y hospedador para convertirse en verdadera amistad. ¡Qué buenos momentos hemos disfrutado alrededor de la mesa, con esas cenas que se alargaban más allá de las 12 entre animadas conversaciones en las que parecía que nos conocíamos de toda la vida, aunque fuese solo por una noche! Esa fue siempre una de nuestras intenciones: que los que nos habéis visitado os fueseis con la sensación de que habíais estado entre amigos. Lo mejor de todo es que esa sensación también se nos quedaba a nosotros…

Pero nuestras vidas han dado un nuevo vuelco en los últimos meses. Nada malo, afortunadamente, pero la marea nos está llevando hacia otras playas y no nos es posible seguir con El hortal de Bruno abierto como nosotros queremos. Una casa rural no puede ser una habitación con encanto y nada más, ha de tener alma y ahora no vamos a poder dársela como nos gustaría. Como dice el refrán, “no se puede estar en misa y repicando”.

Ha sido una decisión muy meditada y que nos ha hecho soltar más de una lagrimilla. Os vamos a echar mucho de menos, pero no nos queda otro remedio que “bajar la persiana”. De todas formas, si volvéis a pasar por Bagüés, no dudéis en llamar a nuestra puerta porque será un placer tomar un café o una cerveza o lo que se tercie con vosotros.

No nos olvidéis, nosotros tampoco lo pensamos hacer… ¡Hasta siempre, amigos!