Longás es una de esas localidades de la Bal d’Onsella, en las desconocidas Altas Cinco Villas, que esconde un buen número de encantos.

La primera vez que fuimos a Longás desde Bagüés llovía. Fue un domingo de invierno, sin clientes en El hortal de Bruno, en el que decidimos visitar a nuestros vecinos. Un año después hemos regresado a la cabecera de la Bal d’Onsella en un soleado día primaveral que nos ha permitido disfrutar de la villa a nuestras anchas.

Es curioso que, aunque Bagüés y Longás comparten varios kilómetros de límites en sus términos municipales, el primero al norte del segundo, ir de un pueblo a otro por carretera asfaltada supone una hora y pico de viaje para unos 50 km, recorriendo cada pueblo del valle de Los Pintanos y la Bal d’Onsella. Hay un acceso directo entre nuestros pueblos por una pista de tierra en medianas condiciones que ahorra un montón de kilómetros, aunque casi supone el mismo tiempo y necesita de un todo-terreno. El eterno problema de las carreteras en esta zona.

Visitar Longás es retroceder en el tiempo

Cuando llegas a Longás, lo primero que ves es un puente restaurado a tu derecha, de origen medieval, justo antes de entrar en una amplia calle flanqueada por grandes casas de piedra. La de la izquierda es realmente impresionante, con tres plantas y una puerta de entrada con un gran arco de mediopunto. Da pena ver que el tiempo la ha tratado mal y ahora necesitaría una reforma de arriba a abajo para poder volver a vivir en ella… aunque por lo que sabemos está en venta, así que si os animáis…

La mayor parte de las casas del pueblo se ven “arregladas”, residencias de fin de semana y verano la mayor parte y alguna con habitantes permanentes. Es un gusto pasear por las calles, deteniéndote en los detalles de cada edificación, disfrutar de la vista de la amplia Plaza Mayor o alejarte un poco del pueblo por el camino que parte hacia el puerto de Santa Bárbara, en dirección Jaca, que tanto tiempo llevan reclamando en Longás y el resto de pueblos de la Bal d’Onsella que se asfalte y sigue siendo de tierra.

La gran mayoría de las edificaciones tienen ese aire típico de la arquitectura de montaña del norte de Aragón. Hay algunas casas nuevas, pero todas de piedra, sin desentonar del conjunto. Y para terminar de darle atractivo, la iglesia de Santa María, del siglo XIV y con una torre edificada aprovechando un torreón defensivo anterior. Espectacular, como todas las iglesias de las Altas Cinco Villas.

El museo de la pez

Si por algo cobró fama Longás en el pasado fue por la fabricación de pez, una especie de alquitrán natural obtenido a partir de resina de chinebro y pino que actualmente sirve para poco más que para hacer botas de vino artesanales, pero que hasta principios del siglo XX se utilizaba para impermeabilizar los cascos de los barcos de madera o las barricas de vino. Tanta pez se elaboraba en Longás que sus habitantes reciben el sobrenombre de “peceros”.

Actualmente hay un horno de pez recuperado y un espacio de exposición en el museo municipal sobre la fabricación de este producto.

Vermú en Os Tablaus… o café, o lo que sea

Aunque Longás es un pueblo con pocos habitantes, mantiene abierto un bar-restaurante que además dispone de alojamiento: Os Tablaus. La actividad se multiplica en verano y puentes, con el pueblo lleno y la llegada de turistas, y también durante la época de caza, con los almuerzos y comidas de las partidas de cazadores que desarrollan su actividad cinegética en los cotos de la zona.

Pues nada más (¡y nada menos!) podrás ver en Longás, otro de los pueblos de esta Toscana aragonesa que son las Altas Cinco Villas. ¡Vente a verlas!

Bar restaurante Os Tablaus

Actualización 16/06/2019: Longás cuenta con una oficina de atención al visitante desde el sábado 15 de junio de 2019.