El monasterio viejo de San Juan de la Peña es uno de esos lugares mágicos que merece la pena visitar al menos una vez.

Se alza en el interior de una gran cueva, que a la vez protege y amenaza la construcción, cuyos primeros muros empezaron a levantarse en el siglo X. Pocas veces el sol llega a bañar los viejos sillares, que la mayor parte del año soportan un frío y una humedad que tras siete siglos decidieron a los monjes a mudarse al llano de San Indalecio, en lo alto de la montaña, y construir el monasterio nuevo a finales del XVII. Bueno, las condiciones de frío y humedad y un grave incendio que destruyó la mayor parte de las dependencias del monasterio viejo.

El monasterio viejo de San Juan de la Peña en los orígenes del Reino de Aragón

Ni siquiera había nacido el Reino de Aragón cuando comenzó a edificarse el Real Monasterio de San Juan de la Peña. Hasta 1035, ya en el siglo XI, no une Ramiro I los territorios de los antiguos condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza bajo su corona para convertirse en el primer rey de Aragón.

El desarrollo del monasterio estuvo muy ligado a los primeros compases de la monarquía aragonesa. Incluso fue el lugar de enterramiento de Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I, los tres primeros reyes de la Casa de Aragón: impresiona ver el panteón real, construido mucho después (en el siglo XVIII) y las tumbas originales donde descansaron los huesos durante varios siglos, excavadas directamente en la roca.

La riqueza e importancia de San Juan de la Peña fue creciendo durante estos primeros compases del Reino de Aragón para, con el paso de los siglos, ceder protagonismo a otros cenobios de tierra llana. No obstante, muchas iglesias y ermitas de los alrededores dependieron del monasterio durante cientos de años, como la de San Julián y Santa Basilisa, en Bagüés.

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Paisaje protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel

Además de la impresionante visita al monumento románico podemos disfrutar de un entorno natural espectacular, ya que los monasterios viejo y nuevo se encuentran en el corazón del Paisaje Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel.

Este espacio protegido, que forma parte de la Red Natural de Aragón, cuenta con ocho senderos marcados que pueden recorrerse en cualquier estación del año (bueno, en invierno con nieve puede resultar un poco más complicado…) y que nos permiten disfrutar de unos bosques y unos paisajes inolvidables, como los que se divisan desde el Balcón de los Pirineos.

La visita desde El hortal de Bruno no puede ser más sencilla: a 40 km de distancia se ubica el llano de San Indalecio, con el centro de interpretación del Paisaje Protegido y el monasterio nuevo donde se pueden adquirir las entradas para las visitas guiadas (con mucho sitio para aparcar, que eso también es importante). Desde ese punto puedes organizar tu visita cultural o tu andada en plena naturaleza. Para terminar, hasta tienes una hospedería con restaurante en el mismo monasterio nuevo… ¿Se puede pedir más comodidad?